CHINA AGUARDA LOS JUEGOS OLIMPICOS COMO UNA OPORTUNIDAD DE MIRAR DE IGUAL A IGUAL...
CHINA aguarda los Juegos Olímpicos como una oportunidad de mirar de
igual a igual a Occidente, tras unos años en que esta parte del mundo
los miraba desde arriba. Los Juegos son vistos por los chinos como una
prueba para demostrar su capacidad de hacer las cosas bien y que es una
sociedad en desarrollo. China se debate ahora entre los complejos de
hace unos pocos años, cuando apenas eran nada, y el orgullo de estar
viviendo la recuperación de su grandeza de siempre. China existe. Los Juegos no son únicamente un asunto de Estado, sino de
toda la sociedad. Sin ella sería imposible organizarlos, con sus cien
mil voluntarios y con la gran campaña de urbanidad que la acompaña. Con
la excusa de atender bien a los 500.000 visitantes extranjeros que se
espera pasen por Pekín, se ha promocionado entre sus ciudadanos la
costumbre de respetar las colas, de dejar salir antes de entrar en el
metro –con unas nuevas señales en los andenes para guardar cola ante
las puertas de los vagones–, el enésimo intento de disuadir el
escupitajo en la vía pública, con multas a los infractores, y muchas
cosas más. Se ha iniciado la eliminación del uso de bolsas de plástico
e incrementado considerablemente los espacios para no fumadores, en un
país en el que los fumadores representan el 26% de la población y la
tercera parte de los adictos globales al tabaco. Hasta en la entrada de
la nueva Terminal 3 del aeropuerto de Pekín, una obra del arquitecto
Norman Foster de gran modernidad realizada en un tiempo récord, se
puede leer un cartel que dice “Aeropuerto civilizado”, con lo que se
entiende que la gente debe guardar cola correctamente, no escupir, no
gritar, etcétera.
“Los Juegos deberán servir como un nuevo punto de
partida para que Pekín se transforme en una ciudad más próspera,
civilizada, armoniosa y habitable”, dice el secretario del Partido
Comunista, Liu Qi. Por desgracia, “algunos de los medios utilizados
para realizar ese propósito son, precisamente, los que los observadores
extranjeros consideran defecto y citan como motivos de llamada al
boicot”, constata la politóloga alemana Gudrun Wacker. Esa campaña
de corrección ha dado lugar a redadas contra la prostitución callejera
y la droga en Pekín, por lo menos en sus escenarios más manifiestos.
También se ha realizado un barrido de peticionarios, el ejército de
ciudadanos agraviados de todo el país que fluye crónicamente hacia las
diversas ventanillas de quejas que lidian en la capital con los
problemas sociales y personales. Ese colectivo de gente, normalmente
pobre y descontenta, ha sido expulsado del paisaje. En el mismo saco se
ha metido sin contemplaciones a los contados disidentes, como el joven
Hu Jia, que pretendían hacer de los Juegos un altavoz para divulgar
todo tipo de injusticias. Hu fue juzgado y condenado a tres años y
medio de prisión por “subversión”, en abril, mientras que otros son
mantenidos en condiciones de semiarresto domiciliario, con advertencias
de que no “alboroten” durante los Juegos. En previsión de acciones
sorpresa de organizaciones occidentales de derechos humanos, el
subdirector de la seguridad olímpica, Liu Shaowu, ha dejado claro que,
“toda manifestación que se salga de los cauces legales durante los
Juegos será abortada”. Con 25.000 periodistas, muchos de ellos
predispuestos a la “denuncia” de China, esta contradicción será otro
aspecto que observa.
EN BUSCA DE TALENTOS EN CHINA - PEKIN - BEIJING - PEKIN 2008 -
OLIMPIADAS: La revolución cultural significó un giro para el deporte
en China. A
partir de 1966 se prohibieron todos los deportes competitivos y algunos
campeones fueron sometidos a crítica y maltrato. Curiosamente, fue el
deporte, la llamada “diplomacia del ping pong”, lo que marcó el
siguiente bandazo hacia la apertura, con las primeras competiciones de
1969 abriendo paso al deshielo con Estados Unidos. China participó en
los Juegos de Berlín y Londres, sin ningún palmarés, pero tras la
revolución maoísta, en 1949, dejó de hacerlo hasta los Juegos de Los
Ángeles de 1984. En apenas veinticinco años, China ha
experimentado una verdadera revolución deportiva. Hoy tiene cinco
millones de atletas, 35 institutos de investigación deportiva, 135
universidades e institutos deportivos que ofrecen especialidades
deportivas en sus estudios, 300 millones de ciudadanos practicando
algún deporte regularmente y casi 13.000 diarios y revistas consagradas
exclusivamente al deporte. Se estima que unos 20.000 atletas participan
en programas de entrenamiento organizados por el Estado. Existe un
mecanismo nacional, perfectamente estructurado, de selección y filtrado
de talentos, que comienza en la más tierna infancia. En gimnasia
deportiva, por ejemplo, todo el proceso comienza a partir de los cuatro
años en todo un rosario nacional de escuelas deportivas. A esa edad, no
hay ninguna selección; entra todo el que quiere. En Pekín hay varias
escuelas infantiles de ese nivel, en Shanghai hay quince, una por cada
distrito de la ciudad. Y la historia se repite en cada ciudad china. En
todo el país hay una red nacional de 3.000 escuelas para los talentos
infantiles y juveniles, que participan en una gran operación de
filtración y selección.En los Juegos de Berlín (1936) y Londres
(1948), los chinos figuraban entre los habitantes más pobres y
miserables del planeta. Su discreta participación no obtuvo ningún
triunfo. Tras el triunfo de la revolución maoísta dejó de acudir a los
Juegos hasta 1984, cuando la nueva China irrumpió en las Olimpiadas
como cuarta potencia deportiva mundial en los JJ.OO. de Los Ángeles con
una delegación de 225 miembros que obtuvo 15 medallas de oro, 8 de
plata y 9 de bronce. En Barcelona y Atlanta se mantuvo el cuarto
puesto, con 16 medallas de oro. En Sydney se avanzó al tercer puesto,
con 28 medallas de oro, 16 de plata y 15 de bronce. En Atenas, quedó a
sólo cuatro medallas de distancia del máximo medallista, Estados
Unidos: 32 contra 36. En veinte años, CHINA pasó de 5 a 32 medallas
de oro.
ORGULLO OLIMPICO:
CHINA: La sociedad china esperaba desde hace años estos Juegos con ilusión,
pero en la recta final ocurrieron dos sucesos que la sacudieron. El
primero fue la crisis de Tíbet, el segundo el terremoto de Sichuan.
Ambas sacudidas, tan diferentes entre sí, han consolidado la sociedad
china y han matizado, y madurado, esa ilusión. También han mostrado
nuevos protagonismos sociales; con manifestaciones de chinos en todo el
mundo al lado de las que pedían un “Free Tibet”, y con una explosión de
solidaridad hacia las víctimas del terremoto. Ambas respuestas
evidenciaron un nivel de autonomía nuevo, en una sociedad que hasta
hace poco casi era sólo una función de su estado. Jiang
Ying, una ingeniera de comunicación de 22 años, originaria de Suzhou,
cerca de Shanghai, quería venir a Pekín a estudiar, pero no lo
consiguió por no superar el examen de ingreso universitario, así que
estudió en su ciudad. Hoy, ya licenciada, los Juegos le han dado una
segunda oportunidad para acercarse a las luces de la capital: ha
fichado como voluntaria para trabajar en Pekín, aprovechando que su
empresa se ocupa de las pantallas y de la traducción electrónica al
chino de los datos de los Juegos en 32 competiciones.
LOS JUEGOS OLIMPICOS DE PEKIN 2008 - BEIJING 2008 SON UNA OPORTUNIDAD:
“Los Juegos –explica– son una gran oportunidad para la
consolidación, para hacer ver a todo el mundo que China no es como la
pintan.” La campaña contra los Juegos por Tíbet ha dejado entre muchos
chinos una sensación de fiesta aguada y de buena predisposición
malparada. “La campaña estaba dirigida contra el Gobierno, pero también
ha hecho daño a la gente, porque los Juegos no son sólo un asunto del
Gobierno, sino de toda la sociedad.” Jiang no dramatiza la situación.
Dice que los medios de comunicación occidentales han informado mal del
problema de Tíbet, pero, matiza, “aquí también los medios de
comunicación chinos cuentan las cosas malas de Occidente, pasa lo mismo
en todo el mundo”. “De todas formas –apunta–, China está cambiando muy
rápidamente, y eso ocurre y ocurrirá independientemente de los Juegos.”
La joven Hu Zimeng, de 22 años y natural de Henan, una provincia
pobre, y su compañero de estudios, Yin Xiaochao, de 20, oriundo de
Nanjing, una ciudad rica, estudian español en la Universidad de
Estudios Extranjeros de Pekín. Los dos se han apuntado como voluntarios
olímpicos, ella como acompañante y traductora de miembros de
delegaciones latinoamericanas, él como “chico para todo” en un stand de
intérpretes de español. Con actitud ingenua y angelical, Hu explica por
qué para ella es “un honor” ser voluntaria en los Juegos: “China quiere
mostrar su amistad a todas las personas del mundo, y yo también quiero
dar mi bienvenida y amor a todos, por eso he servido en los
preparativos y serviré en los Juegos con todo mi amor, para que los
demás puedan sentir la bienvenida y el amor de los chinos”, dice. Su
compañero suscribe esta actitud y añade otros motivos: “Sin nuestra
colaboración, habría un agujero entre los intérpretes de español.
Además es una buena oportunidad para practicar y mejorar lo que hemos
estudiado, conociendo a gente de diferentes países y con acentos
diferentes: cubanos, mexicanos, españoles…”. Ambos dicen haberse
sentido algo “heridos” por los incidentes que rodearon el recorrido de
la antorcha olímpica en París. Hu afirma que “Tíbet es una provincia
china desde siempre y que algunas personas quieren separarla, y dicen
mentiras para que los extranjeros crean que China es un país muy
atrasado y sin derechos humanos”, mientras que Yi desdramatiza el
asunto diciendo que “lo que ha ocurrido es muy natural”. “Cada
Olimpiada ha tenido sus boicots: en Moscú, en Los Ángeles, siempre con
pretextos políticos”, dice el joven. “Por ejemplo, todo el mundo
critica a Estados Unidos, pero a ellos no les importa demasiado porque
viven bien y son fuertes.” “Algunas de las críticas de los extranjeros
contra China son normales, pero no se puede pretender que la situación
cambie de la noche a la mañana”, asegura. En otros casos, añade, “la
gente no sabe muy bien lo que pasa aquí, nos conoce poco, y también
desconoce nuestra historia”. En un artículo escrito el día de
duelo por las víctimas del terremoto de Sichuan, el diputado de la
Conferencia Política Consultiva del Pueblo Chino, Lau Nai-keung, decía:
“Estamos tan orgullosos de nuestro país y de nuestra gente, como nunca
lo estuvimos en los últimos 170 años, por favor, vengan y echen una
ojeada para descubrir el motivo por sí mismos.
TIBET NO PREOCUPA A LOS ATLETAS:
Tíbet no preocupa a los atletas“Oímos esas noticias, pero no
nos afectaron, porque nuestra atención y concentración está totalmente
dirigida hacia la preparación deportiva y hacia el disfrute de cada
momento de los Juegos”, dice la capitana del equipo de balonmano
femenino, Liu Yun, una de los 580 miembros del equipo olímpico chino.
Las protestas contra China por Tíbet “nos conmocionaron”, asegura Zheng
Jie, una figura del tenis en su país, aunque precisa que a efectos
deportivos, “no ha tenido un impacto psicológico”. En la ilusión de los
deportistas se incluye, naturalmente, el incentivo económico, aunque no
sea, ni de lejos, lo principal. En Atenas, quienes ganaron medallas de
oro recibieron 18.000 euros, los que obtuvieron plata, 10.000, y
quienes ganaron bronce, unos 7.000. Seguramente estos incentivos se
incrementarán”, dice el viceministro de Deportes, Cui Dalin, sin
mencionar cantidades. Para el funcionario, el principal reto es que
“serán los primeros juegos en los que los atletas chinos compiten en
casa. Eso supone un entorno completamente nuevo y una serie de
presiones, expectativas y dificultades antes desconocida" .
ENTRE EL SOSIEGO Y LA PASION DEPORTIVA: Entre el sosiego y la pasión deportiva - JUEGOS OLIMPICOS - PEKIN 2008 - BEIJING 2008 - En la
tradición china, el deporte carece del peso que tiene en nuestra
tradición. La educación física, históricamente un subproducto del
entrenamiento militar, tenía una gran importancia en la Grecia clásica,
donde la educación conjugaba lo intelectual y lo físico en diversas
instituciones; didaskaleion, la palaistra y el gymnasion, y donde las
matemáticas, la retórica, la poesía y la música iban de la mano de los
“cinco deportes” (pentahalon); lanzamiento de disco y jabalina, lucha,
salto de altura y carrera. El culto a la actividad física daba
gran prestigio a los campeones olímpicos de las competiciones
panhelénicas, en las que no había competición entre equipos, sino entre
individuos, y en las que únicamente contaba ser el número uno: uno
ganaba, y todos los demás perdían. Ni siquiera el segundo obtenía
premio. En la Iliada y la Odisea, son las machadas militares
individuales de Ulises y Aquiles las que Homero destaca. Nada de ese
género se encuentra en la tradición china, explica Daniel Bell, un
profesor de Ciencia Política de la Universidad Tsinghua de Pekín. En
las obras clásicas chinas, lo militar es considerado importante, pero
raramente elogiado. El arte militar, más bien despreciado por Confucio,
se entiende en la tradición confucionista representada por Mencio y
Xunzi como resultado de cualidades colectivas (disciplina, fidelidad),
más que de machadas individuales, explica Bell. A diferencia de Grecia,
el Estado chino no solía promocionar la actividad física, y cuando la
organizaba, lo que se valoraba era, “su contribución a la moralidad del
grupo y no al bienestar físico de los individuos participantes”. Los
deportes eran normalmente no competitivos. Cuando había competición, se
refería más a grupos que a individuos, con la excepción de la lucha.
Derk Bodde, otro estudioso de la tradición china, apunta que hasta en
el tiro con arco, la elegancia se valoraba más que el acertar en el
blanco.Todavía hoy, en su vida cotidiana, los chinos se muestran
mucho menos obsesionados por la competición entre individuos, lo que da
al ritmo vital de China un sosiego mental, raro en el pulso de la vida
occidental. Pese a esas enormes diferencias de mentalidad, el deporte
suscita hoy en China pasiones y entusiasmos completamente homologables
a los occidentales.
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